miércoles, 13 de mayo de 2015

ENSAYO SOBRE LA REALIDAD EDUCATIVA ACTUAL



Este ensayo pretende acercarnos a la realidad educativa actual, viendo como la generación de un curriculum que nos marque los conocimientos, actitudes y valores básicos, puede ayudarnos a acercarnos a los alumnos en su educación. Si bien pone en relieve la importante relación que existe entre el arte y la cognición, dos partes que desde mi punto de vista han quedado en ocasiones un poco marginadas dentro del curriculum. También marca la importancia de la instrucción y transmisión de estos conocimientos a través del diálogo comunicativo continuo y discontinuo.

Sin duda, la organización académica a través del curriculum es algo que ha favorecido al conjunto de la sociedad, ya que intenta garantizar el principio de igualdad en la educación. Si bien, el organizar las materias y los conocimientos para aprender no es suficiente, hay que prestar atención a las necesidades generales, pero también a las particulares. La variedad del alumnado se refleja en la edad, clase social, entorno, medios del centro,… y todo esto son factores a tener en cuenta en la planificación del curriculum. Esta visión de aprendizaje del alumnado dividiéndolo según sus características, ha sido definida como el modelo de desarrollo por estadios, la cual para mí se queda un poco escasa. No digo que el modelo educativo funcione bien en base a edades, ya que es una forma fácil de generalizar los aprendizajes y conocimientos que deben adquirir los alumnos según la etapa del a vida en la que se encuentra. Pero si creo que el desarrollo experto-novel es más completo, ya que ayuda a avanzar desde el nivel de conocimiento novel ha un dominio más completo. A la vez que puede ser una ayuda útil a las particularidades de cada alumno.

El texto Hernández, F. y Sancho, J (1993) habla sobre cuatro perspectivas de como abordar el concepto de currículum; tradición acumulativa del conocimiento organizado, conjunto de experiencias de aprendizaje, como una tecnología y plan de instrucción. Y desde mi opinión, todas ellas hablan de lo necesario que debe abarcar. El proponer una serie de conocimientos permanentes, validos y esenciales es fundamental, para conocer que es necesario aprender y enseñar. Idear el currículum como un conjunto de experiencias planificadas desde la escuela, pone en alza los procesos intelectuales, sociales y afectivos realizados por el alumnado. Para mi la definición que mejor abarca lo que debiera ser el curriculum es la que lo plantea como un plan de aprendizaje, pero también remarca los esfuerzos de planificación que tienen lugar antes de la instrucción. Y retomando el modelo de desarrollo experto-novel mencionado en el párrafo anterior, y parafraseando a Freedman, K. (2006), creo que ha influido en el curriculum, ya que se ha sabido gracias a la experiencia a no ser tan estrictos con una secuencialidad de los conocimientos estructurada únicamente en la edad, y pasar a una secuencia de niveles que busca el dominio de una disciplina.

Uno de los problemas que han estado y siguen todavía hoy presentes en la educación, ha sido la separación que se ha hecho es en la transmisión de conocimientos y del sentimiento, la importancia de la emoción en la cognición. Por lo que no se ha tenido tan en cuenta la educación en el ámbito del arte. Comparto esta reflexión que hace Freedman, puesto que es lo que hemos vivido todos durante nuestro desarrollo dentro del sistema educativo. Si bien queda demostrado con el peso que han ido adquiriendo las asignaturas de arte durante nuestra educación, pasando de ser optativa a obligatoria, apareciendo y desapareciendo según el curso en que nos encontrábamos. Y sobretodo en la forma de su enseñanza.

Por ello, creo que la forma de enseñar arte es fundamental. Ya que nos ayuda a relacionar entre la forma, el sentimiento y el conocimiento. ¿Cómo llegar a este grado de implicación? Ésta, sin duda, es una de las preguntas claves, no cabe duda que el curriculum es una herramienta útil, pero no es la única. Creo al igual que Freedman en el planteamiento de retos y expectativas al alumno, pues las consideradas “obras de arte” han llegado a esta definición, debido a que han planteado desafíos al observador y han promovido una respuesta de sorpresa intelectual al espectador. Así que creo que no hay mejor forma de enseñar cultura visual al alumnado que creando emociones en el aprendizaje ante el alumnado.

Hay que pensar y planear meticulosamente los conocimientos que se quiere conseguir que los alumnos aprendan, pero también cómo se quiere que los aprendan, teniendo en cuenta todas las particularidades del alumnado. Aquí es donde el profesor tiene que comprobar que la metáfora de Ellsworth, E. (2005) de los espejos no se está produciendo, es decir, que no se está reflejando únicamente a el mismo, y que ha girado su espejo para que su reflejo llegue a todos los alumnos, desgraciadamente esto ocurre solo a veces, y los alumnos no ven lo que el profesor cree que él está transmitiendo. El papel del profesor es fundamental a la hora de articular las estrategias de aprendizaje de los alumnos, ya que es él en primera persona quien se enfrente a los alumnos, y puede conocer cuales son sus carencias y ver cual es la mejor forma de captar su atención.

Quizás es en este punto donde el profesor toma la importancia que debe, ver como es su relación el alumnado, y la mejor forma de comunicarse con él. Aquí es dónde Ellsworth pone énfasis en el diálogo comunicativo a través de la continuidad. En como el mensaje transmitido de un emisor (supuestamente dentro del sistema educativo éste siempre es el profesor)  es recibido por un receptor (el alumnado) y cómo si éste último es capaz de comprender lo transmitido el proceso comunicativo se ha producido con éxito y sin discontinuidades. A modo de opinión personal, el mensaje transmitido por Ellsworth falla un poco en este aspecto, es aquí donde entra en acción un elemento importante e invisible, el ruido, un elemento que hace discontinua la comunicación, y que en este caso es la forma que tiene de escribir la autora, ya que hace complicado entender el mensaje, y hay partes que se pueden perder, o necesitar de varias lecturas para llegar a su comprensión.

Estoy de acuerdo en la idea que nos transmite Ellsworth en cómo cuando afirmamos haber comprendido algún conocimiento transmitido, significa que nos hemos puesto la perspectiva del emisor por encima de la nuestra propia. No tanto porque creamos que la suya es la correcta y la nuestra no, pero para poder llegar a la comprensión es necesario poner cómo válido lo comunicado. Y lo mejor de todo, poder llegar a la autorreflexión y generar un pensamiento crítico.

Citando a Ellsworth “A través de esta autorreflexión, mi encuentro con los otros me cambiará, y, como resultado de esto, tendrá lugar el aprendizaje, o en otras palabras, la diferencia.” Con la que estoy de acuerdo, y aprovecho para rebatir a Felman, el cual decía que simplemente añadíamos información nueva a lo ya conocido, por lo que no nos transformábamos. Y para mí, en la mayoría de los casos si es verdad que la información recibida simplemente es un añadido de lo que ya conocíamos, y no llega a ser algo revelador. Pero si que creo que ésta pueda generar un nuevo yo ante estas ideas, ya que potenciará nuestras convicciones o bien las dará como nulas, con lo cuál habremos cambiado.

En contraposición al diálogo comunicativo se presenta el diálogo analítico, la discontinuidad y la ausencia de direccionalidad por consecuencia. Desde mi punto de vista, la direccionalidad que se crea a partir de la formulación de un curriculum educativo como plantean Hernández y Sancho, no rechaza directamente la idea de un discurso analítico. Puesto que un discurso analítico provoca una comunicación más permeable, donde el interior individual toma sus propias ideas y sensaciones, y creo en que esto potencia la idea del curriculum. Como cita Ellsworth sobre Felman y Laub (1992).

Existe la discontinuidad mutua entre los testimonios de cada uno de los testigos y los testimonios de todos los otros. La razón de esto es que cada testimonio único y situado está constituido por el hecho de que <<al igual que ocurre en un juramento, no lo puede realizar otra persona>> (p. 206).

Este párrafo lo extrapolo a la relación de profesor-alumno, relación que siempre es heterogénea, e imposible de mantener siempre una continuidad. Cada profesor interactuará diferente ante cada alumno, aunque su explicación sea la misma para el conjunto de una clase, si bien, las circunstancias personales de cada  individuo son diferentes, también cada mensaje que transmita el profesor será recibido diferente por cada alumno. Aunque un profesor quiera contar “la verdad”, es decir, un mensaje que sólo tenga una lectura, es imposible romper con las discontinuidades.

Así, profesor y estudiante no se encuentran totalmente situados durante la comunicación uno frente al otro, sino que están situados del mismo lado, uno junto al otro, y siempre hay un tercer participante, que puede ser los conocimientos previos, experiencias, clase social… Un tercer participante que se escapa al control de cada individuo.

Sin embargo, si que creo que ambos tipos de comunicación son las que ocurren en la realidad, tanto el dialogo comunicativo que se basa en la continuidad y en la comprensión directa, como el diálogo analítico que busca la comprensión mediante las lecturas indirectas, a través de la autorreflexión de los espacios vacíos. Para mí, ambos conceptos pueden coexistir, y gracias a ello nuestro entendimiento se enriquece. Mediante el diálogo comunicativo podemos responder mejor a preguntas del tipo ¿qué? o ¿cómo?, y puesto que opino que no existe una “verdad absoluta”, con el diálogo analítico se puede llegar mejor al descubrimiento personal sobre cualquier tema.




Bibliografía
Hernández, F. & Sancho, J. (1993). Para enseñar no basta con saber la asignatura
Ellsworth, E. (2005). Posiciones en la enseñanza (Vol. 10). Ediciones AKAL.
Freedman, K. (2006). Enseñar cultura visual. Barcelona. Octaedro. Artículos.

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